Mi versión la tengo yo
- Zuheilly Afanador
- 9 ene
- 1 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 horas
Nadie sabe mejor mi historia que yo.
Nadie conoce con exactitud lo que siento, lo que callo, lo que atravieso en silencio.
Las palabras dichas se las lleva el viento.
Las escritas permanecen.
Si lo escribo, no me retracto.
Si lo escribo, es porque lo siento.
Si lo escribo, es porque quiero que ese recuerdo quede firme. Innegable. Con mi voz.

Resistir al olvido
Cuando felicito a alguien, lo hago desde el corazón.
Cuando le escribo a mi esposo, él puede volver a esas líneas y recordar lo que siento incluso en días difíciles.
Mis hijos podrán leerme y saber quién fui, cómo los amé, cómo los pensé.
El día que yo no esté, mis palabras seguirán hablando.
Y quizás ahí está el origen de todo.
Ver a mi abuela atravesar el Alzheimer fue presenciar cómo la memoria puede desvanecerse. Es una enfermedad devastadora. Borra nombres, borra fechas, borra historias. Y yo me preguntaba, sin saberlo, si también podía borrar lo que somos.
No sé si este proyecto nació del miedo.
No sé si comenzó como una defensa contra el olvido.
No sé exactamente cuándo empezó.
Pero sí sé algo:
Dios puso en mi corazón el deseo de conservar.
Conservar no es nostalgia, es propósito
La Biblia está llena de genealogías, de nombres, de historias repetidas una y otra vez. No porque Dios necesite recordar, sino porque nosotros sí.
Escribir es resistir al olvido.
Escribir es honrar lo vivido.
Escribir es decir: esto pasó, esto fue real, esto importa.
Tal vez por eso nació Yo te lo cuento.
No para vender libros.
Sino para que las historias no mueran cuando la memoria falle.



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